El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

Neuroeducación

Valorar y validar: el camino directo

a la seguridad personal 



Siempre he querido lo mejor para mis hijos, imagino que como cualquier padre o madre. Porque quiero lo mejor para ellos, me esfuerzo en educarlos y enseñarles todo lo que creo que es bueno para ellos, en darles los ejemplos que necesitan para convertirse en buenas personas y conseguir todo lo que se propongan y en apartarles de todo lo que creo que puede perjudicarles de alguna manera. 


No es que quiera que sean médicos, abogados o economistas exactamente, pero sí les imagino personas de éxito, emprendedoras, motivadas por unos gran ideales y sin casi defectos o equivocaciones.


Sé que la que se equivoca soy yo, en este caso y con estos pensamientos. Cuando me fijo bien, ellos son personas muy diferentes de las que yo tengo en mi cabeza idealizadas; son niños adorables, claro, pero con cualidades y defectos como cualquier otro.




Son personas únicas, con sus propias ideas y modos de ser, que ya se muestran desde pequeños, y diferentes de los niños que yo quisiera que fueran. 


Pero que no sean exactamente lo que yo quisiera o había imaginado no los hace malos ni menos válidos. Al contrario, soy yo la que tiene que aprender a descubrirles, valorarles y validarles su propia personalidad y manera de ser. Este es el respeto que se merecen, la aceptación que les hará sentirse seguros a la hora de crecer y emprender nuevos caminos en el futuro. 


Aunque no nos gusten sus defectos, o nos den miedo sus limitaciones, estas preocupaciones son nuestras, no son de ellos.


La falta de aceptación de un hijo le hará sentirse incompleto e incapaz de satisfacer las expectativas de sus padres ... entonces es fácil deducir que en el futuro esta persona no va a creer en sí misma y no se esforzará para llegar más lejos, ¿verdad? 


Intentemos, pues, ayudar a nuestros hijos para que puedan desarrollarse de una forma segura y respetuosa, para que se sientan con la suficiente confianza para ser ellos mismos y sentirse valorados y validados por quien realmente son, no infelices e incapaces de alcanzar ideales que los padres les podemos proyectar.


Por ello es importante tener en cuenta algunas pautas: 


  • Trata de ser un observador objetivo de tu hijo y ser consciente de sus virtudes y también de sus defectos.


  • Reconoce y hazle saber que valoras lo que hace bien, sus capacidades y habilidades.


  • Observa tus reacciones ante lo que consideras sus defectos o carencias: quizá te están haciendo de espejo o te confrontan con alguna cuestión personal tuya.


  • No le critiques ni censures constantemente por quien es o cómo se comporta; acepta el tipo de persona que está creciendo y muestra su apoyo y amor constante.


  • Descubre la diferencia entre criticar o censurar y sugerir cambios en algunos aspectos de su funcionamiento; los primeros desmoralizan, lo segundo motiva.


  • Proponle retos y anímale a superarse en todo lo que le cuesta. Valora su esfuerzo, no los resultados.


  • Celebra sus logros y comparte con él la alegría que tiene cuando siente que ha superado algún límite. Por mucho que no lo sea para ti, para él sí es importante.


  • Intenta validarle ante los demás, no le dejes en ridículo por lo que tú consideras que no hace bien o por lo que no se esfuerza lo suficiente.






El objetivo de la educación es ayudar a tener personas seguras de sí mismas y con una buena autoestima, aceptándose como son y respetando quiénes son


Tu aportación como padre o madre es importantísima, no pierdas oportunidades con tus conflictos personales y focalízate en tus hijos.



Si aceptas tus emociones, cambias tu vida.


Anna Romeu, colegiada nº 11336 del COPC

Presidenta Emergencias del COPC y representante Española en EFPA Crisis & Disaster División

Especializada en Educación Emocional, Terapias y Formaciones



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Por Anna Romeu Mateu 13 de febrero de 2026
Cada vez hay más personas que descubren que viven con un rasgo de personalidad llamado Alta Sensibilidad . Un rasgo que no es ningún diagnóstico, pero que puede influir profundamente en la forma en que percibimos el mundo, las relaciones e incluso nuestra salud emocional. Una de las primeras cosas que exploramos es lo que llamo “Las cuatro tareas de las personas con Alta Sensibilidad (PAS)”, un recorrido que muchas personas realizan cuando descubren este rasgo: 1. Aceptar el rasgo y obtener toda la información posible sobre él. 2. Reescribir la propia vida desde esta nueva mirada. 3. Adaptar la vida actual a la propia manera de ser, equilibrando necesidades internas con las demandas externas. 4. Buscar conexiones auténticas, crear red con personas afines y sentirse comprendido. Este proceso no solo es útil para quienes tienen este rasgo, sino también para todas las personas que conviven, trabajan o quieren a alguien con Alta Sensibilidad. En uno de los últimos talleres de la Comunidad PAS nos centramos en trabajar especialmente dos aspectos: Cómo nos afectan las etiquetas sociales, tanto si son positivas como negativas. Y cómo encontrar una respuesta clara ante situaciones que nos han herido, sin necesidad de justificar constantemente nuestra forma de ser. Una de las frases que más resonó aquel día fue: “Soy sensible, sí. ¿Y qué?” Una afirmación que rompe estigmas e invita al respeto. y también reflexionamos sobre el estilo de vida que llevamos: ¿Estamos expuestos a demasiados estímulos? ¿Nos falta espacio de calma? ¿Mantenemos relaciones que nos desgastan? Son preguntas que pueden ayudarnos a todos, tengamos o no este rasgo, porque nos invitan a revisar cómo nos cuidamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Próximo Taller Presencial en Barcelona Se acerca el próximo taller, dirigido tanto a personas con Alta Sensibilidad como a personas interesadas en conocer mejor este rasgo, será presencial en Barcelona. En un espacio íntimo, reflexivo y práctico, trabajaremos para entender mejor cómo afecta la alta sensibilidad a las dinámicas familiares y cómo podemos mejorarlas. Además, puedes venir acompañado de un familiar, ya que hablaremos de vínculos, comprensión mutua y formas de convivir desde el respeto y la sensibilidad. 📍 Taller PAS – Sábado 21 de febrero en Barcelona (de 10 a 12:30 h) 📍 Lugar: Carrer de la Gleva, 3 – Barcelona (cerca de Plaça Molina) 🕓 Plazas muy limitadas – Inscripciones abiertas en el siguiente enlace: TALLER PAS Gracias por estar aquí y por querer mirar el mundo con más empatía, información y conciencia.
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Vivimos en un mundo atravesado por emergencias globales que afectan a muchas personas al mismo tiempo, y eso es innegable. La crisis climática, los conflictos armados, las pandemias o los desastres inesperados ya no son hechos lejanos: entran en nuestros hogares a través de las noticias, las redes sociales e incluso de vivencias directas. En este contexto, cada vez se habla más del trauma colectivo o trauma compartido: un impacto emocional que no afecta solo a individuos de forma aislada, sino que golpea de lleno a comunidades enteras. Este tipo de trauma no implica necesariamente haber vivido el acontecimiento en primera persona. Saber que “eso ha pasado”, identificarse con lo ocurrido, reconocerse en ello o sentir que podría haber sucedido cerca, genera miedo, vulnerabilidad y una sensación de pérdida de seguridad. A nivel de salud mental, esto puede traducirse en ansiedad, tristeza, hipervigilancia, dificultades para dormir o una percepción del futuro marcada por la incertidumbre. La reciente tragedia ocurrida estas Navidades en un local de ocio en Suiza, con la muerte de numerosos jóvenes, es un ejemplo estremecedor. Más allá del dolor de las familias y de la comunidad directamente afectada, muchas otras personas, especialmente jóvenes, pueden experimentar un fuerte impacto emocional: es fácil que se produzca una identificación lógica con las víctimas y que, a partir de este momento, sientan un mayor miedo a salir, se sientan inseguros en ciertos espacios cerrados o experimenten una sensación de injusticia difícil de digerir. Es importante diferenciar entre una reacción emocional normal y un trastorno. Ante hechos de esta magnitud, sentirse conmocionado, triste o inquieto es esperable y saludable. Hablamos de trastorno cuando estas reacciones se intensifican, se cronifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana : hablamos entonces de una incapacidad para funcionar, de una evitación persistente, de revivir constantemente el suceso o de un profundo malestar emocional sostenido. Reconocer el trauma colectivo no significa patologizar el dolor, sino legitimarlo. Y también es importante recordar que la salud mental no es solo individual: se construye y se repara en comunidad. En un mundo sacudido por grandes emergencias, el cuidado emocional es, cada vez más, una responsabilidad compartida.
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