El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

1 de noviembre:

Honrar a los que no están



Escribo estas palabras el mismo día en que todos los occidentales nos hemos puesto de acuerdo en recordar a nuestros muertos, en hacerlo yendo al cementerio a llevarles flores, ofreciendo conciertos frente a la Catedral de Tarragona o escaneando códigos QR para ampliar los epitafios de algún cementerio de México. 


Es un día especial en el que la muerte se convierte en protagonista de nuestras vidas, hablamos de los que ya no están y los que añoramos, recordamos y seguimos amando a pesar de no poderles hablar o tocarles. En todo el mundo las tradiciones cambian de forma y varían en seriedad o festividad, pero por un día al año la mayoría de los países occidentales (desconozco las tradiciones de otros lugares del mundo) celebramos la posibilidad de recordar y honrar la memoria de los nuestros muertos. 


¿Por qué es importante el día de Todos los Santos o su equivalente en diferentes países de culturas similares a la nuestra?


Educativamente, es un día importantísimo para que nuestros jóvenes y niños puedan preguntar sobre la muerte, escuchar de los más mayores historias sobre los que ya no están, y configuraron parte de su ADN, o aprendan a honrar a sus antepasados ​​a través de sus padres y abuelos.


Para los niños, para los adolescentes y para los mayores también, el día 1 de noviembre es el día de hablar abiertamente de pérdidas, muertes y añoranzas, sin ser tildados de pesados, locos o de estar siempre mirando atrás.


Desde el punto de vista emocional, es el día de las personas que están en un proceso de duelo, más o menos avanzado, más o menos complicado. Las personas que están viviendo un duelo traumático, una pérdida que fue y no debería haber sido, viven el día de Todos los Santos todo el año.


Son frecuentes sus visitas al cementerio, las flores para honrar a los que tanto aman y no están, y las conversaciones sobre un pasado que se detuvo demasiado pronto. Y se habla de ellas de diferentes formas; "no lo acepta/supera", "no pasa página", "pobre, siempre está mirando atrás, vive en el pasado", "no es normal, cada semana va al cementerio", etc. Creencias muy equivocadas sobre el proceso de duelo, el período de aceptación de la pérdida de un ser querido que puede llegar a ser tan largo como la vida de la persona que lo vive. Y en lo que todo es “normal” y aceptable menos la negación o la inhibición, que pueden traer problemas más serios. 


El día 1 de noviembre estas personas son como todas las demás, hacen lo mismo que todas las demás personas que van una vez al año al cementerio a honrar a sus seres queridos. El resto del año, por cierto, también son “normales”, aunque a muchos no pueda parecerlo. Todo depende de las necesidades de cada uno y de la dificultad, tanto objetiva como personal, para aceptar pérdidas que pueden hacerse muy duras. 





En un proceso de duelo, pensar en la persona que no está, hablar de ella, llevarle flores, limpiar el espacio donde se la despidió, hacerla presente con nuestro recuerdo, sentir la tristeza de la añoranza y celebrar haber podido compartir tiempo con ella, son acciones cotidianas que el 1 de noviembre se vuelven universales.



Y ofrecer educación en la muerte y el duelo a los más jóvenes de la familia se convierte en una oportunidad excelente el día de Todos los Santos, ya que cada vez vivimos más alejados de la muerte en nuestra sociedad y nuestros niños y jóvenes la descubren cada vez más tarde.


Este hecho que puede ser valorado como positivo, en realidad esconde posibles miedos y malas gestiones de las futuras pérdidas en la vida de esta gente joven, que llega a edades de 20 o 30 años sin haber tenido prácticamente contacto ni experiencia en pérdidas, ni educación en la muerte. 




Así pues, independientemente de las creencias más o menos religiosas de cada uno, en aras de todas mis pérdidas y en especial en recuerdo de mi padre, deseo que todo el mundo haya pasado un buen día de Todos los Santos.




Si aceptas tus emociones, cambias tu vida.



Anna Romeu, colegiada nº 11336 del COPC

Presidenta Emergencias del COPC y representante Española en EFPA Crisis & Disaster División

Especializada en Educación Emocional, Terapias y Formaciones



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