El ciclo de la vida a través de las emociones
La obligación de ser feliz durante las vacaciones

La obligación de ser feliz durante las vacaciones
Esta época del año siempre me recuerda a una mujer que, hace unos años, me explicó que había vuelto de vacaciones más cansada que antes de marcharse.
Había preparado meticulosamente el viaje durante meses: excursiones, restaurantes, actividades para los hijos y fotografías en lugares perfectos. Todo había ido “bien”, pero ella se sentía decepcionada. No había sido tan feliz como esperaba.
Y, sobre todo, pensaba que no tenía derecho a decirlo.
Las vacaciones se han convertido en una especie de examen emocional, sobre todo de cara a los demás. No basta con descansar: tenemos que disfrutar, desconectar, vivir experiencias inolvidables, recuperar la pareja, crear recuerdos familiares, visitar lugares nuevos y volver renovados.
Todo en pocos días.
Una expectativa difícil de cumplir, especialmente cuando viajamos con el mismo cansancio, los mismos conflictos y la misma mente con la que convivimos durante el resto del año.
La investigación confirma que descansar es beneficioso, pero también matiza el relato idealizado. Consultando bibliografía, he descubierto que un metaanálisis sobre los efectos de las vacaciones encontró una mejora moderada del bienestar y la salud, pero también que buena parte de ese efecto desaparece poco después de volver al trabajo.
Otro estudio observó que las personas que se iban de vacaciones no eran necesariamente más felices después del viaje; el beneficio se mantenía, sobre todo, cuando las vacaciones habían sido realmente relajantes.
A esto se suman las redes sociales.
Mientras nosotros, durante las vacaciones de verano, discutimos por llegar tarde, nos aburrimos en el apartamento o intentamos que los hijos dejen el móvil, también vemos en las redes una sucesión de puestas de sol, mesas impecables y familias sonrientes.
Comparamos nuestra experiencia completa con el resumen editado de los demás y casi siempre salimos perdiendo.
Quizá descansar debería implicar renunciar a la obligación de aprovecharlo todo.
Aceptar que durante las vacaciones también habrá cansancio, mal humor, momentos vacíos y días que no recordaremos. No necesitamos fabricar felicidad durante quince días para compensar el resto del año.
Las vacaciones no tienen que ser perfectas para ser reparadoras. A veces, el verdadero descanso comienza cuando dejamos de exigirnos que tenemos que estar pasándolo bien todo el tiempo.
Y ya que estamos, os deseo unas felices vacaciones a todos y todas.


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