El ciclo de la vida a través de las emociones
Sesgo de negatividad: por qué una crítica pesa más que cinco elogios

Imagina que recibes cinco comentarios positivos sobre algo que has hecho y uno negativo.
¿Cuál es más probable que sigas recordando horas después?
Con frecuencia, el negativo.
Y no es una casualidad.
En psicología hablamos de sesgo de negatividad, que es la tendencia a que los estímulos, acontecimientos y emociones negativas tengan un impacto desproporcionadamente mayor que los positivos.
Ya en 1998, Ito y colaboradores observaron mediante potenciales evocados que el cerebro respondía con mayor intensidad a estímulos negativos que a estímulos positivos equivalentes. Posteriormente, Baumeister y su equipo revisaron evidencia procedente de múltiples ámbitos —aprendizaje, relaciones, emociones o feedback— y concluyeron que, en muchas circunstancias, lo malo pesa más que lo bueno.
Desde una perspectiva adaptativa tiene sentido: detectar rápidamente aquello que podía representar una amenaza aumentaba nuestras posibilidades de supervivencia.
El problema es que este mecanismo sigue funcionando cuando la “amenaza” es hoy una crítica, un correo desagradable o una mirada de desaprobación, que obviamente no son un peligro para nuestra integridad física que debían cuidar nuestros ancestros.
Pero cuidado: esto no significa que debamos sustituir lo negativo por pensamientos positivos. Negar el malestar, forzarnos a estar bien o interpretar todo de manera optimista tampoco es regulación emocional. La alternativa es más interesante todavía, porque consiste en dar deliberadamente espacio también a lo positivo.
Detenernos unos segundos ante una experiencia agradable, reconocer algo que hemos hecho bien, disfrutar conscientemente una conversación o permitirnos saborear un momento agradable puede ayudar a que esas experiencias no pasen inadvertidas.
De hecho, una revisión y metaanálisis reciente de 20 ensayos aleatorizados, con 4.805 participantes, encontró que las intervenciones de savoring —atender, apreciar y prolongar psicológicamente experiencias positivas— pueden mejorar variables emocionales y de bienestar.
Nuestro cerebro está preparado para detectar lo que va mal. Quizá una parte del autocuidado consiste en enseñarle también a registrar lo que va bien. No para negar la realidad sino para verla completa.


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