El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

Tiempo regalado


Finalmente estamos confinados en casa. 

No estamos enfermos, estamos en estado de alerta decretado por el gobierno central, situación motivada por la repentina y rapidísima interrupción en nuestras vidas de un virus que tiene un nombre majestuoso, curioso y fácil de recordar: coronavirus.

Algunos se lo han tomado un poco a broma y me dan mucha rabia, salen a la calle y parece que estén contentos, están de vacaciones, realizan actividades divertidas y celebran estos días de fiesta que les parece que se han ganado, aparentemente a cambio de nada. Para mí son unos irresponsables y muy poco realistas, pero entiendo que hay mucha gente que vive mejor pensando que las desgracias les pasan a los demás, que ellos son inmunes y no les pasará nada. A veces quisiera para mí esta falsa felicidad.

Otros, que deben ser mucho más inteligentes que yo y saben mucho más de lo que podría imaginarse a priori, manifiestan sorpresa por las medidas tomadas, que tachan de exageradas y alarmistas, como si los gobiernos se lo pasaran bien asustando a la población y montando numeritos para tenernos a todos controlados y dominados. 

De estos también hay algunos que piensan que todo esto está preparado “por quién sabe” y que hay una conspiración de los estamentos que no sabemos quiénes son para eliminar a saber qué parte de la humanidad y hacerse con el poder absoluto del resto que quedarán (espero poder decir quedaremos) vivos. 

Perdonad mi ignorancia y quizás incluso mi inocencia pueril, pero a mí todo esto me suena a cómic de superhéroes en el que el malo intenta destruir el mundo y los buenos le hacen frente hasta que consiguen eliminarlo. Las teorías de la conspiración aconstumbran a parecer bastante ridículas a personas como yo, que vamos con el lirio en la mano y creemos en la sociedad en la que vivimos, con todas sus imperfecciones.

Y luego estamos los que nos lo hemos tomado en serio, los que sufrimos las molestias que todas estas medidas nos ocasionan, las distorsiones que toda esta situación significa en nuestras vidas diarias e individualistas y vemos a venir el descalabro económico que todo ello supondrá para nosotros , los de abajo, los que tenemos que trabajar para llegar a pagar lo que tenemos, pero que sin saber muy bien porque sabemos que tenemos que hacer caso porque no hacerlo nos llevaría a una situación aún peor. 

Hemos entendido que el peligro de verdad de este virus puñetero es el de hacer caer nuestro sistema sanitario, ya que las personas que trabajamos en este ámbito somos las más vulnerables y las más expuestas al virus. Y si cae el sistema sanitario y no tenemos suficientes profesionales, suficientes medicamentos o suficiente material para curarnos, protegernos o cuidarnos durante las otras enfermedades que siguen existiendo (nos hemos olvidado que hay otras enfermedades, ¿verdad?), 

¿pues qué nos pasará?

Por eso nos hemos concienciado de que tenemos que quedarnos en casa, trabajar desde casa en la medida de lo posible, tener a los niños en casa el mayor tiempo posible, utilizar la tecnología para seguir trabajando, estudiando y comunicándonos con el mundo exterior. 

Sin bares, restaurantes, cines, teatros o parques infantiles donde acudir a pasar el tiempo libre, o distraer nuestra atención en general, nos encontramos en una situación paradójica y maravillosa: nos reencontramos con nosotros mismos y con aquellos con los que convivimos y descubrimos que podemos hacer otras cosas que habíamos dejado de hacer hace tiempo. 

Podemos leer, conversar, pasear (no muy lejos y en lugares poco concurridos, por favor), compartir películas con la pareja o los hijos, pensar y dormir las horas necesarias sin demasiada prisa. 

Alguien especial (a quien le debo el título de este post) me dijo que para él eso es tiempo regalado, un tiempo para nosotros mismos que no esperábamos y que de repente nos ha caído del cielo y con el que podemos hacer cosas que hace tiempo que no podíamos hacer.

Qué fantástico ejemplo de resiliencia: ante la adversidad podemos sacar recursos que no sabíamos que teníamos y salir reforzados. 

Bien mirado, tiene razón. 

Este tiempo que el confinamiento, las medidas extraordinarias y el estado de alarma nos está regalando lo podemos aprovechar para descubrir que a nuestro alrededor hay gente con la que podemos pasar un buen rato, que hay libros que quizás no habríamos tenido la ocasión de leer y que hay pensamientos que no habrían aparecido en nuestra conciencia de no ser que ahora tenemos el tiempo para hacerlos crecer. 

Amigos y amigas, disfrutad del tiempo regalado por el coronavirus, probablemente no nos volverá a pasar algo así hasta dentro de muchas décadas, y sobre todo sed responsables y lavaros muy bien, y a menudo, las manos.
Por Anna Romeu Mateu 13 de febrero de 2026
Cada vez hay más personas que descubren que viven con un rasgo de personalidad llamado Alta Sensibilidad . Un rasgo que no es ningún diagnóstico, pero que puede influir profundamente en la forma en que percibimos el mundo, las relaciones e incluso nuestra salud emocional. Una de las primeras cosas que exploramos es lo que llamo “Las cuatro tareas de las personas con Alta Sensibilidad (PAS)”, un recorrido que muchas personas realizan cuando descubren este rasgo: 1. Aceptar el rasgo y obtener toda la información posible sobre él. 2. Reescribir la propia vida desde esta nueva mirada. 3. Adaptar la vida actual a la propia manera de ser, equilibrando necesidades internas con las demandas externas. 4. Buscar conexiones auténticas, crear red con personas afines y sentirse comprendido. Este proceso no solo es útil para quienes tienen este rasgo, sino también para todas las personas que conviven, trabajan o quieren a alguien con Alta Sensibilidad. En uno de los últimos talleres de la Comunidad PAS nos centramos en trabajar especialmente dos aspectos: Cómo nos afectan las etiquetas sociales, tanto si son positivas como negativas. Y cómo encontrar una respuesta clara ante situaciones que nos han herido, sin necesidad de justificar constantemente nuestra forma de ser. Una de las frases que más resonó aquel día fue: “Soy sensible, sí. ¿Y qué?” Una afirmación que rompe estigmas e invita al respeto. y también reflexionamos sobre el estilo de vida que llevamos: ¿Estamos expuestos a demasiados estímulos? ¿Nos falta espacio de calma? ¿Mantenemos relaciones que nos desgastan? Son preguntas que pueden ayudarnos a todos, tengamos o no este rasgo, porque nos invitan a revisar cómo nos cuidamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Próximo Taller Presencial en Barcelona Se acerca el próximo taller, dirigido tanto a personas con Alta Sensibilidad como a personas interesadas en conocer mejor este rasgo, será presencial en Barcelona. En un espacio íntimo, reflexivo y práctico, trabajaremos para entender mejor cómo afecta la alta sensibilidad a las dinámicas familiares y cómo podemos mejorarlas. Además, puedes venir acompañado de un familiar, ya que hablaremos de vínculos, comprensión mutua y formas de convivir desde el respeto y la sensibilidad. 📍 Taller PAS – Sábado 21 de febrero en Barcelona (de 10 a 12:30 h) 📍 Lugar: Carrer de la Gleva, 3 – Barcelona (cerca de Plaça Molina) 🕓 Plazas muy limitadas – Inscripciones abiertas en el siguiente enlace: TALLER PAS Gracias por estar aquí y por querer mirar el mundo con más empatía, información y conciencia.
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Vivimos en un mundo atravesado por emergencias globales que afectan a muchas personas al mismo tiempo, y eso es innegable. La crisis climática, los conflictos armados, las pandemias o los desastres inesperados ya no son hechos lejanos: entran en nuestros hogares a través de las noticias, las redes sociales e incluso de vivencias directas. En este contexto, cada vez se habla más del trauma colectivo o trauma compartido: un impacto emocional que no afecta solo a individuos de forma aislada, sino que golpea de lleno a comunidades enteras. Este tipo de trauma no implica necesariamente haber vivido el acontecimiento en primera persona. Saber que “eso ha pasado”, identificarse con lo ocurrido, reconocerse en ello o sentir que podría haber sucedido cerca, genera miedo, vulnerabilidad y una sensación de pérdida de seguridad. A nivel de salud mental, esto puede traducirse en ansiedad, tristeza, hipervigilancia, dificultades para dormir o una percepción del futuro marcada por la incertidumbre. La reciente tragedia ocurrida estas Navidades en un local de ocio en Suiza, con la muerte de numerosos jóvenes, es un ejemplo estremecedor. Más allá del dolor de las familias y de la comunidad directamente afectada, muchas otras personas, especialmente jóvenes, pueden experimentar un fuerte impacto emocional: es fácil que se produzca una identificación lógica con las víctimas y que, a partir de este momento, sientan un mayor miedo a salir, se sientan inseguros en ciertos espacios cerrados o experimenten una sensación de injusticia difícil de digerir. Es importante diferenciar entre una reacción emocional normal y un trastorno. Ante hechos de esta magnitud, sentirse conmocionado, triste o inquieto es esperable y saludable. Hablamos de trastorno cuando estas reacciones se intensifican, se cronifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana : hablamos entonces de una incapacidad para funcionar, de una evitación persistente, de revivir constantemente el suceso o de un profundo malestar emocional sostenido. Reconocer el trauma colectivo no significa patologizar el dolor, sino legitimarlo. Y también es importante recordar que la salud mental no es solo individual: se construye y se repara en comunidad. En un mundo sacudido por grandes emergencias, el cuidado emocional es, cada vez más, una responsabilidad compartida.
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