El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

Volver a enamorarse

después de los 50 

L. acaba de romper con su pareja de hace 26 años y tiene 56 años. Está muy segura de esta ruptura, la pareja ya no se sostenía por ningún lado. Así que finalmente, después de haberlo intentado prácticamente todo, L. y su pareja han decidido seguir la vida por separado. 


Aparte de tratar con ella el duelo por esta separación, hemos iniciado un trabajo que ella no esperaba en este momento.


Todo vino porque me dijo:


"Y ahora, a mi edad, ya no encontraré a nadie más, pasaré el resto de mi vida sola."


Mi cara de sorpresa la hizo salir de sus preocupaciones. Ella lo creía seriamente, que ya era mayor para conocer a alguien y volver a vivir una relación de pareja como la que había tenido. 


Como tanta otra gente, L. pensaba que a cierta edad ya no pasan, estas cosas. Que cuando te haces mayor (como si cumplir los 50 fuera tener una edad avanzada) ya no atraes otras personas para tener una relación romántica o sexual.


Especialmente las mujeres tienen este tipo de pensamientos, pero también muchos hombres. Así cierran las puertas a iniciar nuevas relaciones después de haber roto con la pareja "de toda la vida". 



Y de esta manera se hace realidad la profecía que se autocumple;


Y de esta manera se hace realidad

la profecía que se autocumple



Al  tener la creencia de que ya no pueden gustar a otra persona, ya no miran los otros hombres o mujeres con la curiosidad y la picardía del flirteo, ya no se arreglan para poder tener un aspecto atractivo, abandonan las conversaciones pícaras y con doble sentido, dejan de cuidar su intimidad para verse y sentirse sexis (depilarse, llevar ropa interior atractiva, etc.) y poco a poco se convierten en aquella persona que imaginan, sola el resto de su vida. 




Si corres el riesgo de convertirte en una de estas personas y no lo quieres, tienes que saber que hay segundas oportunidades, y terceras, y cuartas... y todas las que haga falta.



Sigue los siguientes consejos y date la oportunidad de poder volver a ser feliz, ya que no hay edad para enamorarse: 


  • Pasa el duelo por la pareja que ha finalizado y quédate tranquilo/a en cuanto a las relaciones pasadas.


  • Cuando te sientas preparado/a crea un nuevo círculo social, amplía las posibilidades de conocer gente.


  • Cuida tu físico, tu alimentación, tu forma de vestirte, etc. 


  • No te cierres a tener citas con personas que te gusten; cenar con alguien no te compromete a nada, sólo a la posibilidad de pasar un buen rato.


  • Practica el arte del flirteo; mira con curiosidad las personas que te pueden gustar, juega durante las conversaciones, deja que la otra persona también lo haga.


  • Pide ayuda si estás bloqueado/a en algún momento, quizás es el momento de resolver conflictos o complejos pendientes.




Y recuerda, todas las edades son buenas para disfrutar de las relaciones amorosas y sexuales, todo depende de tu actitud hacia ellas.



Si aceptas tus emociones, cambias tu vida.



Anna Romeu, colegiada nº 11336 del COPC

Presidenta Emergencias del COPC y representante Española en EFPA Crisis & Disaster División

Especializada en Educación Emocional, Terapias y Formaciones



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Por Anna Romeu Mateu 13 de febrero de 2026
Cada vez hay más personas que descubren que viven con un rasgo de personalidad llamado Alta Sensibilidad . Un rasgo que no es ningún diagnóstico, pero que puede influir profundamente en la forma en que percibimos el mundo, las relaciones e incluso nuestra salud emocional. Una de las primeras cosas que exploramos es lo que llamo “Las cuatro tareas de las personas con Alta Sensibilidad (PAS)”, un recorrido que muchas personas realizan cuando descubren este rasgo: 1. Aceptar el rasgo y obtener toda la información posible sobre él. 2. Reescribir la propia vida desde esta nueva mirada. 3. Adaptar la vida actual a la propia manera de ser, equilibrando necesidades internas con las demandas externas. 4. Buscar conexiones auténticas, crear red con personas afines y sentirse comprendido. Este proceso no solo es útil para quienes tienen este rasgo, sino también para todas las personas que conviven, trabajan o quieren a alguien con Alta Sensibilidad. En uno de los últimos talleres de la Comunidad PAS nos centramos en trabajar especialmente dos aspectos: Cómo nos afectan las etiquetas sociales, tanto si son positivas como negativas. Y cómo encontrar una respuesta clara ante situaciones que nos han herido, sin necesidad de justificar constantemente nuestra forma de ser. Una de las frases que más resonó aquel día fue: “Soy sensible, sí. ¿Y qué?” Una afirmación que rompe estigmas e invita al respeto. y también reflexionamos sobre el estilo de vida que llevamos: ¿Estamos expuestos a demasiados estímulos? ¿Nos falta espacio de calma? ¿Mantenemos relaciones que nos desgastan? Son preguntas que pueden ayudarnos a todos, tengamos o no este rasgo, porque nos invitan a revisar cómo nos cuidamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Próximo Taller Presencial en Barcelona Se acerca el próximo taller, dirigido tanto a personas con Alta Sensibilidad como a personas interesadas en conocer mejor este rasgo, será presencial en Barcelona. En un espacio íntimo, reflexivo y práctico, trabajaremos para entender mejor cómo afecta la alta sensibilidad a las dinámicas familiares y cómo podemos mejorarlas. Además, puedes venir acompañado de un familiar, ya que hablaremos de vínculos, comprensión mutua y formas de convivir desde el respeto y la sensibilidad. 📍 Taller PAS – Sábado 21 de febrero en Barcelona (de 10 a 12:30 h) 📍 Lugar: Carrer de la Gleva, 3 – Barcelona (cerca de Plaça Molina) 🕓 Plazas muy limitadas – Inscripciones abiertas en el siguiente enlace: TALLER PAS Gracias por estar aquí y por querer mirar el mundo con más empatía, información y conciencia.
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Vivimos en un mundo atravesado por emergencias globales que afectan a muchas personas al mismo tiempo, y eso es innegable. La crisis climática, los conflictos armados, las pandemias o los desastres inesperados ya no son hechos lejanos: entran en nuestros hogares a través de las noticias, las redes sociales e incluso de vivencias directas. En este contexto, cada vez se habla más del trauma colectivo o trauma compartido: un impacto emocional que no afecta solo a individuos de forma aislada, sino que golpea de lleno a comunidades enteras. Este tipo de trauma no implica necesariamente haber vivido el acontecimiento en primera persona. Saber que “eso ha pasado”, identificarse con lo ocurrido, reconocerse en ello o sentir que podría haber sucedido cerca, genera miedo, vulnerabilidad y una sensación de pérdida de seguridad. A nivel de salud mental, esto puede traducirse en ansiedad, tristeza, hipervigilancia, dificultades para dormir o una percepción del futuro marcada por la incertidumbre. La reciente tragedia ocurrida estas Navidades en un local de ocio en Suiza, con la muerte de numerosos jóvenes, es un ejemplo estremecedor. Más allá del dolor de las familias y de la comunidad directamente afectada, muchas otras personas, especialmente jóvenes, pueden experimentar un fuerte impacto emocional: es fácil que se produzca una identificación lógica con las víctimas y que, a partir de este momento, sientan un mayor miedo a salir, se sientan inseguros en ciertos espacios cerrados o experimenten una sensación de injusticia difícil de digerir. Es importante diferenciar entre una reacción emocional normal y un trastorno. Ante hechos de esta magnitud, sentirse conmocionado, triste o inquieto es esperable y saludable. Hablamos de trastorno cuando estas reacciones se intensifican, se cronifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana : hablamos entonces de una incapacidad para funcionar, de una evitación persistente, de revivir constantemente el suceso o de un profundo malestar emocional sostenido. Reconocer el trauma colectivo no significa patologizar el dolor, sino legitimarlo. Y también es importante recordar que la salud mental no es solo individual: se construye y se repara en comunidad. En un mundo sacudido por grandes emergencias, el cuidado emocional es, cada vez más, una responsabilidad compartida.
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