El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

Aceptar la pérdida




Las pérdidas son algo que ocurre en todas las vidas, no hay nadie que escape de ellas.


Todos perdemos cosas importantes, dejamos amigos por el camino, cambiamos de trabajo, de domicilio o de pareja, dejando detrás de cada cambio un recuerdo que no volverá, una pérdida que se acumula a las anteriores. También perdemos a personas que fallecen y que dejan huella en nuestra vida.



Todas las pérdidas requieren un esfuerzo, porque adaptarse a una nueva situación, dejando algo o alguien importante detrás, no es siempre fácil ni rápido. 

 

En realidad, el duelo no comienza cuando se produce la pérdida en sí; el duelo se inicia cuando la persona que ha perdido empieza a aceptar que aquello o aquel alguien ya no volverá, no lo tendrá nunca más, cuando deja de negar la pérdida, por dolorosa que sea.


A veces esta resistencia desaparece rápidamente, pero muchas otras veces nos pegamos a cualquier vaga esperanza para no tener que admitir que ya está, que hemos perdido, que las cosas no volverán a ser como eran. Y lo podemos hacer durante mucho tiempo, luchando contra toda evidencia, escondiéndonos la realidad a nosotros mismos, con una fuerza titánica que nos sale de dentro.



Pero siempre llega el momento de la despedida, la hora de decir adiós, es inevitable.



Como le llega a R...


"Hoy justamente hace ocho días de tu silencio.


Ocho días sin oír tu voz, sin recibir un mensaje tuyo o tener noticias de ti, ocho días de vacío total, silencio.


Sabes, duele.


Hacía tiempo que se veía venir el final, ambos lo sabíamos e intentábamos evitar hablar de ello, como si el hecho de no hablar de ello pudiera hacerlo menos real, como si no hubiera sido una realidad sabida desde hace tiempo por ambos.



No sé si sabré salir adelante sin ti.

Además de doler, da miedo también.


Me había acostumbrado a explicarte las cosas, a contar contigo aunque no estuvieras en ese momento, a compartir mi intimidad contigo. Fue fácil acostumbrarse,


¿ahora cómo lo hago para quitarme esta costumbre de encima?


Tengo más preguntas y dudas que certezas, la verdad. Pero me tengo que rendir a la evidencia; ya no estás en mi vida, te has marchado. Me gusta pensar que no ha sido por voluntad propia, que las circunstancias han ido así y te han obligado a dejarme aquí sola, a hacer el camino que queda por delante sin tu compañía, sin ti en mi vida.


No te tengo reproches, pero sí me hubiera gustado que nuestra vida juntos hubiera sido más larga, más plena, que la hubiéramos podido aprovechar más. No me duele el tiempo que hemos pasado juntos, ha sido maravilloso, rico en sensaciones y experiencias que guardo para siempre.


Me duele todo lo que podría haber sido y no será, lo que nos quedaba todavía por hacer y que quedará guardado en un cofre cerrado acumulando polvo para siempre.


- No te volveré a ver más

- No veré tu sonrisa cuando me contabas algo que te entusiasmaba

- No sentiré tus dedos entre mi pelo mientras me escuchabas


Hablar contigo siempre ha sido uno de los placeres más grandes que hemos compartido. Tenemos una historia juntos que ahora tengo que continuar yo sola. Así es como debe ser, a regañadientes y con una tristeza inmensa, pero así será a partir de ahora.


Te prometo esforzarme para estar bien y fuerte, para cuidar nuestros tesoros y hacer reales algunos de nuestros proyectos. De alguna manera, siempre estarás conmigo."





Si aceptas tus emociones, cambias tu vida.



Anna Romeu, colegiada nº 11336 del COPC

Presidenta Emergencias del COPC y representante Española en EFPA Crisis & Disaster División

Especializada en Educación Emocional, Terapias y Formaciones



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Por Anna Romeu Mateu 13 de febrero de 2026
Cada vez hay más personas que descubren que viven con un rasgo de personalidad llamado Alta Sensibilidad . Un rasgo que no es ningún diagnóstico, pero que puede influir profundamente en la forma en que percibimos el mundo, las relaciones e incluso nuestra salud emocional. Una de las primeras cosas que exploramos es lo que llamo “Las cuatro tareas de las personas con Alta Sensibilidad (PAS)”, un recorrido que muchas personas realizan cuando descubren este rasgo: 1. Aceptar el rasgo y obtener toda la información posible sobre él. 2. Reescribir la propia vida desde esta nueva mirada. 3. Adaptar la vida actual a la propia manera de ser, equilibrando necesidades internas con las demandas externas. 4. Buscar conexiones auténticas, crear red con personas afines y sentirse comprendido. Este proceso no solo es útil para quienes tienen este rasgo, sino también para todas las personas que conviven, trabajan o quieren a alguien con Alta Sensibilidad. En uno de los últimos talleres de la Comunidad PAS nos centramos en trabajar especialmente dos aspectos: Cómo nos afectan las etiquetas sociales, tanto si son positivas como negativas. Y cómo encontrar una respuesta clara ante situaciones que nos han herido, sin necesidad de justificar constantemente nuestra forma de ser. Una de las frases que más resonó aquel día fue: “Soy sensible, sí. ¿Y qué?” Una afirmación que rompe estigmas e invita al respeto. y también reflexionamos sobre el estilo de vida que llevamos: ¿Estamos expuestos a demasiados estímulos? ¿Nos falta espacio de calma? ¿Mantenemos relaciones que nos desgastan? Son preguntas que pueden ayudarnos a todos, tengamos o no este rasgo, porque nos invitan a revisar cómo nos cuidamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Próximo Taller Presencial en Barcelona Se acerca el próximo taller, dirigido tanto a personas con Alta Sensibilidad como a personas interesadas en conocer mejor este rasgo, será presencial en Barcelona. En un espacio íntimo, reflexivo y práctico, trabajaremos para entender mejor cómo afecta la alta sensibilidad a las dinámicas familiares y cómo podemos mejorarlas. Además, puedes venir acompañado de un familiar, ya que hablaremos de vínculos, comprensión mutua y formas de convivir desde el respeto y la sensibilidad. 📍 Taller PAS – Sábado 21 de febrero en Barcelona (de 10 a 12:30 h) 📍 Lugar: Carrer de la Gleva, 3 – Barcelona (cerca de Plaça Molina) 🕓 Plazas muy limitadas – Inscripciones abiertas en el siguiente enlace: TALLER PAS Gracias por estar aquí y por querer mirar el mundo con más empatía, información y conciencia.
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Vivimos en un mundo atravesado por emergencias globales que afectan a muchas personas al mismo tiempo, y eso es innegable. La crisis climática, los conflictos armados, las pandemias o los desastres inesperados ya no son hechos lejanos: entran en nuestros hogares a través de las noticias, las redes sociales e incluso de vivencias directas. En este contexto, cada vez se habla más del trauma colectivo o trauma compartido: un impacto emocional que no afecta solo a individuos de forma aislada, sino que golpea de lleno a comunidades enteras. Este tipo de trauma no implica necesariamente haber vivido el acontecimiento en primera persona. Saber que “eso ha pasado”, identificarse con lo ocurrido, reconocerse en ello o sentir que podría haber sucedido cerca, genera miedo, vulnerabilidad y una sensación de pérdida de seguridad. A nivel de salud mental, esto puede traducirse en ansiedad, tristeza, hipervigilancia, dificultades para dormir o una percepción del futuro marcada por la incertidumbre. La reciente tragedia ocurrida estas Navidades en un local de ocio en Suiza, con la muerte de numerosos jóvenes, es un ejemplo estremecedor. Más allá del dolor de las familias y de la comunidad directamente afectada, muchas otras personas, especialmente jóvenes, pueden experimentar un fuerte impacto emocional: es fácil que se produzca una identificación lógica con las víctimas y que, a partir de este momento, sientan un mayor miedo a salir, se sientan inseguros en ciertos espacios cerrados o experimenten una sensación de injusticia difícil de digerir. Es importante diferenciar entre una reacción emocional normal y un trastorno. Ante hechos de esta magnitud, sentirse conmocionado, triste o inquieto es esperable y saludable. Hablamos de trastorno cuando estas reacciones se intensifican, se cronifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana : hablamos entonces de una incapacidad para funcionar, de una evitación persistente, de revivir constantemente el suceso o de un profundo malestar emocional sostenido. Reconocer el trauma colectivo no significa patologizar el dolor, sino legitimarlo. Y también es importante recordar que la salud mental no es solo individual: se construye y se repara en comunidad. En un mundo sacudido por grandes emergencias, el cuidado emocional es, cada vez más, una responsabilidad compartida.
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