El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

Gente buena que vuelve a sonreir 


La psicología me ha dado inmensas satisfacciones.

Me ha permitido conocer realidades que nunca hubiera podido imaginar y personas de las que he aprendido y que llevaré dentro de mí mientras viva. 
Conozco secretos, he escuchado historias que serían una novela que nadie creería posible en la realidad, he podido ser testigo privilegiado de maneras de afrontar los problemas de la vida que superan los límites de la imaginación, he visto personas que caen y se vuelven a levantar y siguen luchando, otros que no pueden más y dejan de luchar definitivamente. 

Aunque todas las personas somos muy parecidas, no hay dos iguales.

Montse es una de esas personas que llevaré dentro de mí para siempre. De cuerpo más bien pequeño, discreta de aspecto, de rictus serio y sonrisa escasa y aún más discreta. Pero buena, muy buena persona, de las mejores que podemos encontrar por el camino. De aquellas que ayuda a la gente sin esperar nada a cambio y sobre todo sin que quiera que se sepa. 

De las que se preocupa de que la gente de su alrededor esté bien, que está atenta a los detalles y habla con las miradas. 

Con su empuje me vino a buscar hace años porque no disponíamos de un grupo de duelo en Vilafranca y eso no podía ser, no podía permitir que la gente tuviera que desplazarse hasta Barcelona para recibir una ayuda y un apoyo que se merecían al lado de casa. 

No se le podía decir que no, era toda fuerza y ​​determinación. 

Removió cielo y tierra para dar vida a Tornar a Somriue, en honor a su hijo, para dar fuerzas a los que tienen que vivir después de una muerte, a los que, como ella, viven con un pie en el presente y otro en el recuerdo de los que ya no volverán. Montse es una persona buena que hace buenas a las personas que hemos estado a su lado, debe haber rasgos que se contagian y amplifican cuando entramos en contacto con personas que los tienen. 

Recuerdo la timidez de las primeras reuniones, en las que no sabía cómo decir todo lo que por dentro tenía tan y tan claro, las palabras del todo acertadas cuando miraba fijamente a alguien y era capaz de decirle lo que necesitaba oír, porque ella también lo sentía , porque sabía exactamente qué estaba pensando el otro, el confort de su discurso pausado, reflexivo, profundo y acogedor. Ella quería volver a sonreír y quería que aquellos que estaban en la misma situación que ella volvieran a sonreír. 

Y lo consiguió. 

Hizo de su “terapia de lengua” una nueva manera de ver y vivir el duelo, a su lado se podía hablar libremente de la persona amada en presente aunque no estuviera en este mundo, ella dejaba toda la libertad y mostraba todo el respeto que los sentimientos del otro se merecen.

Hoy Montse descansa en paz. 

La veo aquí tumbada, quieta, acompañada de su inseparable marido y la hija siempre presente, y todas las personas que la hemos querido y la queremos, que han recibido su ayuda, que hemos disfrutado de su presencia y hemos podido escuchar sus palabras, y pienso que sigue siendo la misma buena persona que conocí hace años. 

Ha muerto como ha vivido, discretamente, pero ha dejado una huella que no creo que se pueda imaginar ni ella misma. Siento como se habla de ella y pienso que si lo está escuchando desde algún lugar sentirá la vergüenza que no podía evitar cuando alguien le hacía un cumplido. Pero ahora no podrá cambiar de tema ni disimular, tendrá que seguir escuchando como hablamos de ella con amor y admiración, como la recordamos y como lloramos su ausencia, aunque nos diría aquello tan suyo de “es ley de vida, no se puede hacer nada”. 

Y espero que lo haga por fin abrazada a su hijo.
 Buen viaje Montse.
Por Anna Romeu Mateu 13 de febrero de 2026
Cada vez hay más personas que descubren que viven con un rasgo de personalidad llamado Alta Sensibilidad . Un rasgo que no es ningún diagnóstico, pero que puede influir profundamente en la forma en que percibimos el mundo, las relaciones e incluso nuestra salud emocional. Una de las primeras cosas que exploramos es lo que llamo “Las cuatro tareas de las personas con Alta Sensibilidad (PAS)”, un recorrido que muchas personas realizan cuando descubren este rasgo: 1. Aceptar el rasgo y obtener toda la información posible sobre él. 2. Reescribir la propia vida desde esta nueva mirada. 3. Adaptar la vida actual a la propia manera de ser, equilibrando necesidades internas con las demandas externas. 4. Buscar conexiones auténticas, crear red con personas afines y sentirse comprendido. Este proceso no solo es útil para quienes tienen este rasgo, sino también para todas las personas que conviven, trabajan o quieren a alguien con Alta Sensibilidad. En uno de los últimos talleres de la Comunidad PAS nos centramos en trabajar especialmente dos aspectos: Cómo nos afectan las etiquetas sociales, tanto si son positivas como negativas. Y cómo encontrar una respuesta clara ante situaciones que nos han herido, sin necesidad de justificar constantemente nuestra forma de ser. Una de las frases que más resonó aquel día fue: “Soy sensible, sí. ¿Y qué?” Una afirmación que rompe estigmas e invita al respeto. y también reflexionamos sobre el estilo de vida que llevamos: ¿Estamos expuestos a demasiados estímulos? ¿Nos falta espacio de calma? ¿Mantenemos relaciones que nos desgastan? Son preguntas que pueden ayudarnos a todos, tengamos o no este rasgo, porque nos invitan a revisar cómo nos cuidamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Próximo Taller Presencial en Barcelona Se acerca el próximo taller, dirigido tanto a personas con Alta Sensibilidad como a personas interesadas en conocer mejor este rasgo, será presencial en Barcelona. En un espacio íntimo, reflexivo y práctico, trabajaremos para entender mejor cómo afecta la alta sensibilidad a las dinámicas familiares y cómo podemos mejorarlas. Además, puedes venir acompañado de un familiar, ya que hablaremos de vínculos, comprensión mutua y formas de convivir desde el respeto y la sensibilidad. 📍 Taller PAS – Sábado 21 de febrero en Barcelona (de 10 a 12:30 h) 📍 Lugar: Carrer de la Gleva, 3 – Barcelona (cerca de Plaça Molina) 🕓 Plazas muy limitadas – Inscripciones abiertas en el siguiente enlace: TALLER PAS Gracias por estar aquí y por querer mirar el mundo con más empatía, información y conciencia.
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Vivimos en un mundo atravesado por emergencias globales que afectan a muchas personas al mismo tiempo, y eso es innegable. La crisis climática, los conflictos armados, las pandemias o los desastres inesperados ya no son hechos lejanos: entran en nuestros hogares a través de las noticias, las redes sociales e incluso de vivencias directas. En este contexto, cada vez se habla más del trauma colectivo o trauma compartido: un impacto emocional que no afecta solo a individuos de forma aislada, sino que golpea de lleno a comunidades enteras. Este tipo de trauma no implica necesariamente haber vivido el acontecimiento en primera persona. Saber que “eso ha pasado”, identificarse con lo ocurrido, reconocerse en ello o sentir que podría haber sucedido cerca, genera miedo, vulnerabilidad y una sensación de pérdida de seguridad. A nivel de salud mental, esto puede traducirse en ansiedad, tristeza, hipervigilancia, dificultades para dormir o una percepción del futuro marcada por la incertidumbre. La reciente tragedia ocurrida estas Navidades en un local de ocio en Suiza, con la muerte de numerosos jóvenes, es un ejemplo estremecedor. Más allá del dolor de las familias y de la comunidad directamente afectada, muchas otras personas, especialmente jóvenes, pueden experimentar un fuerte impacto emocional: es fácil que se produzca una identificación lógica con las víctimas y que, a partir de este momento, sientan un mayor miedo a salir, se sientan inseguros en ciertos espacios cerrados o experimenten una sensación de injusticia difícil de digerir. Es importante diferenciar entre una reacción emocional normal y un trastorno. Ante hechos de esta magnitud, sentirse conmocionado, triste o inquieto es esperable y saludable. Hablamos de trastorno cuando estas reacciones se intensifican, se cronifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana : hablamos entonces de una incapacidad para funcionar, de una evitación persistente, de revivir constantemente el suceso o de un profundo malestar emocional sostenido. Reconocer el trauma colectivo no significa patologizar el dolor, sino legitimarlo. Y también es importante recordar que la salud mental no es solo individual: se construye y se repara en comunidad. En un mundo sacudido por grandes emergencias, el cuidado emocional es, cada vez más, una responsabilidad compartida.
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