El ciclo de la vida a través de las emociones

- Psicología, Reflexiones, ideas y obsesiones varias - 

Siento ... tristeza 



La tristeza es una de las emociones básicas de las personas, una emoción incómoda y con mala prensa, pero, como todas, necesaria para poder transitar en algunos momentos difíciles de la vida y poder terminar de dejarlos atrás.


Como todas las emociones, la tristeza tiene una función, un motivo de existencia: sentir tristeza nos hace darnos cuenta de que hemos sufrido por algo, de que quizás hemos perdido a alguien o algo y por lo tanto estamos viviendo un proceso de duelo, que debemos despedirnos de alguien que ya no está en nuestra vida o de algo que ya no volveremos a tener.

También es la reacción posterior a situaciones de fracaso, a desengaños o frustraciones.


En definitiva, la tristeza es una de las emociones que catalogamos como negativas pero que nos ayuda a pasar y superar algunos momentos difíciles en la vida. 


Cuando un periodo de tristeza se extiende en el tiempo y la persona no acaba de pasar página o superar aquella situación, es cuando empezamos a pensar en un trastorno psicológico o psiquiátrico. Hablamos de la depresión como el estado permanente de tristeza que invalida el funcionamiento habitual y adaptativo de la persona en su vida. Pero eso es otro tema ... 


A nivel de funcionamiento cerebral, la tristeza se traduce principalmente en un déficit de la producción de dopamina y serotonina. Un nivel bajo de dopamina produce apatía, pérdida de interés por las cosas y cambios en el estado de ánimo. La serotonina, cuando se encuentra en niveles bajos, nos hace tener pensamientos más negativos, sentimientos de desesperanza y también estrés en el organismo. 






¿Cómo se expresa la tristeza en las personas que la padecen? 




¿Cómo podemos saber que estamos tristes o reconocer que una persona de nuestro alrededor

está triste?


Una de las señales más evidentes es el llanto. Cuando estamos tristes, lloramos. Pero hay otras manifestaciones de la tristeza que nos pueden dar pistas de que algo no está bien: 

Alteración del sueño

Necesidad de dormir más y constantemente, o bien insomnio



Alteración de la alimentación

También por exceso (aumento del apetito, comer compulsivamente) o bien por defecto (nudo en el estómago, sensación de desgana permanente)



Disminución de las actividades físicas

Dejar de hacer actividades físicas o el deporte que antes formaba parte de nuestra vida diaria.



Desgana o apatía general por todo

Pérdida de interés general por lo que ocurre a nuestro alrededor.




Aislamiento social 

Disminución considerable de las actividades que impliquen tener relación con otras personas.

 


No tener objetivos inmediatos
Sentir que nos cuesta ilusionarnos y dejar de hacer planes de futuro.


Cambios en la expresión de las diversas emociones

La relación con los demás se vuelve más forzada, poco natural.

 


Malestares físicos o somatizaciones

Expresiones físicas que indican que algo no va bien, como contracturas, dolores de espalda o migrañas, problemas estomacales, etc. 




¿Y qué nos va bien en momentos de tristeza?


También te invito a que sigas todos los contenidos que comparto en redes sociales de forma totalmente gratuïta para aprender a gestionar mejor nuestras emociones. Tienes todos los enlaces en la barra de inicio.


Porque si aceptas tus emociones, cambias tu vida.



Anna Romeu, colegiada nº 11336 del COPC

Presidenta Emergencias del COPC y representante Española en EFPA Crisis & Disaster División

Especializada en Educación Emocional, Terapias y Formaciones



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Por Anna Romeu Mateu 13 de febrero de 2026
Cada vez hay más personas que descubren que viven con un rasgo de personalidad llamado Alta Sensibilidad . Un rasgo que no es ningún diagnóstico, pero que puede influir profundamente en la forma en que percibimos el mundo, las relaciones e incluso nuestra salud emocional. Una de las primeras cosas que exploramos es lo que llamo “Las cuatro tareas de las personas con Alta Sensibilidad (PAS)”, un recorrido que muchas personas realizan cuando descubren este rasgo: 1. Aceptar el rasgo y obtener toda la información posible sobre él. 2. Reescribir la propia vida desde esta nueva mirada. 3. Adaptar la vida actual a la propia manera de ser, equilibrando necesidades internas con las demandas externas. 4. Buscar conexiones auténticas, crear red con personas afines y sentirse comprendido. Este proceso no solo es útil para quienes tienen este rasgo, sino también para todas las personas que conviven, trabajan o quieren a alguien con Alta Sensibilidad. En uno de los últimos talleres de la Comunidad PAS nos centramos en trabajar especialmente dos aspectos: Cómo nos afectan las etiquetas sociales, tanto si son positivas como negativas. Y cómo encontrar una respuesta clara ante situaciones que nos han herido, sin necesidad de justificar constantemente nuestra forma de ser. Una de las frases que más resonó aquel día fue: “Soy sensible, sí. ¿Y qué?” Una afirmación que rompe estigmas e invita al respeto. y también reflexionamos sobre el estilo de vida que llevamos: ¿Estamos expuestos a demasiados estímulos? ¿Nos falta espacio de calma? ¿Mantenemos relaciones que nos desgastan? Son preguntas que pueden ayudarnos a todos, tengamos o no este rasgo, porque nos invitan a revisar cómo nos cuidamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Próximo Taller Presencial en Barcelona Se acerca el próximo taller, dirigido tanto a personas con Alta Sensibilidad como a personas interesadas en conocer mejor este rasgo, será presencial en Barcelona. En un espacio íntimo, reflexivo y práctico, trabajaremos para entender mejor cómo afecta la alta sensibilidad a las dinámicas familiares y cómo podemos mejorarlas. Además, puedes venir acompañado de un familiar, ya que hablaremos de vínculos, comprensión mutua y formas de convivir desde el respeto y la sensibilidad. 📍 Taller PAS – Sábado 21 de febrero en Barcelona (de 10 a 12:30 h) 📍 Lugar: Carrer de la Gleva, 3 – Barcelona (cerca de Plaça Molina) 🕓 Plazas muy limitadas – Inscripciones abiertas en el siguiente enlace: TALLER PAS Gracias por estar aquí y por querer mirar el mundo con más empatía, información y conciencia.
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Vivimos en un mundo atravesado por emergencias globales que afectan a muchas personas al mismo tiempo, y eso es innegable. La crisis climática, los conflictos armados, las pandemias o los desastres inesperados ya no son hechos lejanos: entran en nuestros hogares a través de las noticias, las redes sociales e incluso de vivencias directas. En este contexto, cada vez se habla más del trauma colectivo o trauma compartido: un impacto emocional que no afecta solo a individuos de forma aislada, sino que golpea de lleno a comunidades enteras. Este tipo de trauma no implica necesariamente haber vivido el acontecimiento en primera persona. Saber que “eso ha pasado”, identificarse con lo ocurrido, reconocerse en ello o sentir que podría haber sucedido cerca, genera miedo, vulnerabilidad y una sensación de pérdida de seguridad. A nivel de salud mental, esto puede traducirse en ansiedad, tristeza, hipervigilancia, dificultades para dormir o una percepción del futuro marcada por la incertidumbre. La reciente tragedia ocurrida estas Navidades en un local de ocio en Suiza, con la muerte de numerosos jóvenes, es un ejemplo estremecedor. Más allá del dolor de las familias y de la comunidad directamente afectada, muchas otras personas, especialmente jóvenes, pueden experimentar un fuerte impacto emocional: es fácil que se produzca una identificación lógica con las víctimas y que, a partir de este momento, sientan un mayor miedo a salir, se sientan inseguros en ciertos espacios cerrados o experimenten una sensación de injusticia difícil de digerir. Es importante diferenciar entre una reacción emocional normal y un trastorno. Ante hechos de esta magnitud, sentirse conmocionado, triste o inquieto es esperable y saludable. Hablamos de trastorno cuando estas reacciones se intensifican, se cronifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana : hablamos entonces de una incapacidad para funcionar, de una evitación persistente, de revivir constantemente el suceso o de un profundo malestar emocional sostenido. Reconocer el trauma colectivo no significa patologizar el dolor, sino legitimarlo. Y también es importante recordar que la salud mental no es solo individual: se construye y se repara en comunidad. En un mundo sacudido por grandes emergencias, el cuidado emocional es, cada vez más, una responsabilidad compartida.
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